Domingo a la tarde es cuando nos damos cuenta de que ya no hay nada por hacer. De ahí en más, sólo nos queda un tiempo sin obligaciones hasta que el anochecer anuncie la necesidad de comenzar con los preparativos para iniciar otra semana. Si bien muchos esperan con ansiedad durante seis días la llegada de este momento, no todos lo disfrutan como soñaron. Aunque le resulta increíble, la tristeza del domingo a la tarde es un sentimiento compartido por muchos, casi un fenómeno social. Incluso se hacen formando grupos de autoayuda, para atender a las personas que coinciden con esta especie de melancolía dominguera. Los especialistas, que tienen una explicación para todo, aseguran que este momento se convierte en el único espació donde la gente se siente libre de las presiones cotidianas, el momento donde aparecen todos los proyectos postergados y los deseos inconclusos. Sin embargo, la solución no pasa por atosigarse de actividades para evitar el vacío y el encuentro con uno mismo; sino en utilizar este tiempo para replantearse ciertas situaciones, y crear cosas simples y posibles. Ese es el secreto para volver a sonreír en las tardes de domingo.
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